TEATRO/CRÍTICA

Darío Fo, feminista

La asamblea de mujeres de Granada ha organizado una serie de actos para conmemorar el día de la mujer trabajadora, que se celebró el pasado día 8 de marzo. Es de alabar, en principio, que entre dichos actos se contase el teatro, idea ésta no demasiado frecuente en movilizaciones culturales de diversos colectivos. Para este evento, La Asamblea de mijeres de Granada contó con la colaboración de Mujeres Jóvenes, el grupo de Mujeres de Filosofía y Letras y el Secretariado de la Mujer de Comisiones Obreras.

El acto teatral consistió en una representación de mimo expresivo, seguida de la escenificación de “Una mujer sola”, monólogo de Dario Foy Franca Rame, interpretado por Mercedes Abellán. El público desbordó con su número el pequeño aforo de la salitwa alteradle Palacio de Los Condes de Gabia. Tras esperar más de media hora, el respetable, mitad de pie, mitad sentado, se vio sorprendido por un “sketch” de pasillo ingenuo y algo estentóreo, alegórico del hablar oligofrénico e impregnado de l teatro provocativo. En él, Mercedes mostró sus dotes guturales y su dramatismo facial. Fue apreciado por todos el genuino sabor reivindicativo y la vigorosa, aunque simple, escenificación.

Para una segunda parte se guardó un texto de Darío Fo divertido, paródico, muy acode con la intención festiva que reunía en aquella salita de la Diputación a tan monoponto personal. Representar a Darío Fo, es ya un cierto aval de éxito. Pero hacerlo con naturalidad y contenida comicidad es algo muy loable en Mercedes Abellán, que supo divertir con sencillez, recurriendo a tópicos conocidos pero sin abusar de su recurso: el polaco como sustituto del latín en las misas cantadas actuales, la policía como deficiente censora de los denunciantes y no de los denunciados, el matrimonio como “ring” de infinitos asaltos, la clase media como diana de los dardos consumistas, el orgasmo que es como un cruce de orangután y asno o como “ cuando va una por la calle corriendo y de pronto se monta en el autobús”.

Mercedes Abellán aportó gracia y buen hacer; a pesar de las deficiencias escenográficas del atrezzo, que fueron muchas; a pesar de no contar con la mínima ayuda de traspuntes o de regidores que hicieran ruidos necesarios o sonidos telefónicos. Es ésta una experiencia que podía ser tomada como inicio para que tantos actores aficionados que hay en nuestra ciudad ensayasen, cada vez con más correccón y medios, obras de buenos autores en coyunturas de las que nuestra ciudad ofrece por doquier.